Lo que los lecheros uruguayos deberían hacer para que seamos Nueva Zelanda

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Al proceso de intensificación de la lechería –que explica el incremento de la productividad en los últimos 30 años– le siguen quedando deberes pendientes, tanto en la producción y cosecha de forraje como en una carga que es muy baja. Estos factores limitan un nivel de productividad –es decir litros de leche por hectárea– que es bajo si se lo compara con los principales exportadores de lácteos en el mundo. Eso remarcaron técnicos vinculados al sector en el último Foro del Instituto Nacional de la Leche (Inale), realizado la semana pasada, en el marco de los 10 años del instituto.

La lechería uruguaya creció casi ininterrumpidamente desde comienzos del siglo pasado. En los primeros años eso estuvo dado principalmente por el aumento del área ocupada. Sin embargo, en los últimos 30 años la expansión se explicó por una mayor intensificación de la producción, impulsada por una dinámica principalmente exportadora.

En 2018 la lechería sigue sumando señales positivas, con un nivel de remisión de abril dando una sorpresa favorable. Hay deberes pendientes en la producción, en la cosecha de forraje y en la carga que sigue siendo muy baja.

El clima está jugando una buena pasada y las praderas y verdeos empiezan a rendir en pastoreos que se traducen en mayor producción.

La remisión de leche a plantas alcanzó un récord para abril, de 146,3 millones de litros, un 11% superior respecto al mismo mes del año pasado y un 10% superior a la remisión de marzo, que fue de 133 millones de litros.

En el Foro del Inale de 2018, el profesor de la Facultad de Agronomía e integrante del Consejo Interino de la Universidad Tecnológica (UTEC), Pablo Chilibroste, explicó que el actual modelo de intensificación no hizo otra cosa que aumentar la competitividad de los predios comerciales de Uruguay.

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